Semáforo CIAI de la Industria de la Indumentaria – Edición Septiembre 2019

La devaluación asesta un nuevo golpe al consumo de ropa 

El salto del dólar después de las PASO agudizó la inflación, afectando al alicaído poder de compra de los consumidores.

 Durante el mes de agosto, el dólar subió 25% motivando nuevas remarcaciones de precios. Según el Relevamiento de Expectativas del Mercado de fines de agosto elaborado por el Banco Central de la República Argentina (BCRA), la inflación minorista se ubicará en 4,3% durante agosto, 5,8% en septiembre y 4,3% en octubre. Así, el mercado espera que la inflación minorista acumule 55% para diciembre, con lo cual 2019 será el año más inflacionario desde 1991, superando holgadamente el récord alcanzado en 2018 de 47,6%.

Sin lugar a dudas, el nuevo salto inflacionario deprimirá aún más el poder adquisitivo de los argentinos, que ya venía retraído durante los últimos trimestres. Las jubilaciones, pensiones y asignaciones familiares habían caído 7,7% en términos reales en julio comparado con el mismo mes de 2018. En paralelo, el poder de compra de los salarios se había contraído 10,1% interanual en junio, según datos del INDEC. Obsérvese que, en ambos casos, se tratan de registros previos a la devaluación del mes de agosto.

¿Por qué es tan importante el resultado de la carrera entre precios y salarios para nuestro sector? Porque más del 98% de la ropa fabricada en Argentina se vende en el mercado interno. En este contexto, las ventas en comercios minoristas sufrieron una contracción de 6,1% interanual en julio, mes previo a las PASO, según el relevamiento de la CAME. En junio, las ventas de ropa en shoppings centers habían logrado estabilizarse (+0,1%) comparado con junio de 2018, aunque seguían cayendo en el canal supermercados (-10,5%), según información del INDEC. En el relevamiento de las primeras semanas de agosto de la confianza del consumidor realizado por la Universidad Di Tella, el indicador había mostrado una suba de 15,5% respecto al mismo mes del año 2018.

Ahora bien, cabe resaltar que la disminución en las cantidades vendidas tuvo lugar a pesar del esfuerzo realizado por la cadena de valor por no incrementar los precios de la ropa a la par de la inflación. En efecto, el precio de la indumentaria subió 43,8% entre julio de 2018 y julio de 2019, periodo en el cual la inflación minorista acumuló un aumento de 54,7%, según el INDEC.

Otra de las consecuencias de la devaluación es el encarecimiento de las prendas importadas, lo que representa un estímulo para la producción nacional. La depreciación del peso argentino tuvo como contrapartida la suba interanual de 12,3% del Yuan durante agosto de 2019, encareciendo las prendas importadas desde China (principal origen), según información del BCRA. En este contexto, las importaciones de ropa cayeron 20% durante julio de 2019, según información del INDEC. Si se analiza en términos de cantidades, las importaciones se contrajeron 22,4% en el mismo período. La diferencia se explica por la suba de 3,1% de los precios promedios de importación, entre julio de 2018 y julio de 2019.

Cabe preguntarse si, en el corto plazo, la devaluación expande o no la producción nacional de prendas. En otras palabras, ¿cuál de los dos efectos influye más sobre la producción doméstica de ropa: la sustitución de importaciones o la caída del consumo interno por la aceleración inflacionaria? La historia reciente indica que el efecto negativo del golpe al consumo es el que predomina: a julio, la producción de ropa tuvo una caída interanual de 10,8%, según INDEC. Por ello, es probable que en los próximos meses la industria nacional sufra un nuevo golpe.

Desde el segundo trimestre de 2016 que la producción nacional de ropa se reduce ininterrumpidamente, quebrando empresas y destruyendo fuentes de trabajo. Entre el cuarto trimestre de 2015 y el cuarto de 2018 (último con información disponible en el Ministerio de Producción y Trabajo de la Nación), el sector perdió 10.729 asalariados registrados en la seguridad social, lo que representó una caída de 21,7% en la dotación de personal.

Luego de la devaluación de mediados de agosto, el consenso del mercado elevó la estimación de caída del Producto Interno Bruto (PIB) de Argentina a 2,5% para todo 2019, desde el 1,5% de la medición de fines de julio del BCRA. Si se confirma este nivel de contracción, el PIB de 2019 será 4,4% menor al nivel de 2015. Analizando en términos per cápita (es decir, considerando el crecimiento de la población argentina), la caída del PIB respecto a 2015 sería aún mayor, de 8,8%, según estadísticas del INDEC.

En relación a los costos del sector, la energía eléctrica subió 78,2% interanual en la Ciudad de Buenos Aires durante julio, según datos del Instituto Estadístico de la Ciudad. Mientras tanto, la nafta súper acumuló 39,9% de aumento interanual en agosto.

La decisión del Banco Central de volver a subir las tasas de interés (86% anual para las LELIQs) pone en serio riesgo la cadena de pagos. Para fines de agosto, la tasa de interés que pagaron las empresas para adelantos de cuenta corriente fue de 88,2% (con un promedio de 77,2% durante todo el mes), según el BCRA. Esto se combina con la decisión del Gobierno Nacional de “reperfilar” los vencimientos de las deudas en pesos (y en dólares), que perjudicó lisa y llanamente a aquellas empresas que prestaron sus fondos al Estado Nacional, con el objetivo de resguardar el valor de su dinero. La situación actual es grave y las decisiones que se tomen en las próximas semanas son vitales para evitar una quiebra generalizada de empresas y más pérdidas de puestos de trabajo

 

CIAI Semáforo Septiembre 2019

 

 

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