El argentino radicado en Brooklyn que fue pionero en diseñar con basura

Hablar de diseño del reciclaje suena a una tendencia actual, sin embargo, Gabriel Grippo es pionero que incursionó en esta práctica mucho antes. Comenzó su carrera a mediados de los años 80 y formó parte junto a Gabi Bunader y Andrés Baño, tras la participación en la Bienal de Arte Joven de 1989, de la primera camada de diseñadores de moda en dar una mirada joven y personal a la moda argentina, que hasta entonces pasaba por los grandes desfiles en los hoteles de Buenos Aires. Grippo compuso un método propio de reciclaje que estuvo conectado en el tiempo con el del diseñador belga Martin Margiela: ellos crearon diseños con objetos encontrados y los reasignaron como productos de moda. Gabriel Grippo diseñó con sobrantes de cueros para la confección de camperas, intervenía jeans, las hilachas y las costuras fueron visibles en las ropas, pintó a mano las prendas, hizo patchwork con retazos en forma de corazón y margaritas, con las frazadas confeccionó abrigos y selló su trabajo con la etiqueta «Grippo-Producto Diseñado».

Entre puestos de carnes y verduras tomó un espacio en el mercado de Retiro y abrió «Su Puesto de Moda», un lugar donde se hacían desfiles performáticos, exposiciones y se vendía la ropa de los nuevos diseñadores. Al abrir la carrera de Diseño de Indumentaria y Textil en la FADU dio clases en la cátedra Skific-Saltzman. También fue pionero en el gesto de llevar moda a espacios de arte: en 1992 hizo una muestra en el CAyC donde montó una retrospectiva de su trabajo y su método de reciclaje. En 2005 sus creaciones nuevamente fueron revisadas junto a las de Rosita Bailón y Pablo Ramírez en «Moda en progresión» – bajo la curaduría de la periodista y directora editorial Ana Torrejón – en el MALBA. En 1993 se instaló en New York, también pasó por Londres y París donde se empleó en los estudios de John Galliano, GAP, Filippa Naess y con Liliana Casabal en Morgane Le Fay. Hoy está asentado en Brooklyn con GGrippo art+design, una tienda y taller textil enfocado en el diseño sustentable.

~ ¿Cómo y cuándo surge tu método de reciclaje?

El proceso de construcción con materiales reciclados surgió espontáneamente, tal vez como resultado de mi innata curiosidad acerca de objetos descartados. Unos de los primeros proyectos en que recuerdo haber trabajado es una línea que hicimos con Isabel Donatti, mi entonces socia de diseño. La llamamos Napoli y consistió en una mini colección de chaquetas estilo torero confeccionadas con telas descartadas por Grafa. Eran unas lonas que se habían usado para limpiar las impresoras y les sumamos pasamanería de colores y metales. Por supuesto cada pieza fue un original. Seguí este camino de aprovechar lo disponible y pude crear muchas piezas de diferentes formas y funciones, casi siempre basadas en el pre-concepto de ser «ropa».

~ ¿Cuál es el proceso de investigación y el desarrollo de una idea?

Vivo mirando y a veces fotografío (tengo miles de fotos que ahora estoy editando para un libro de imágenes). Siempre he sido una persona muy visual y también uso mucho mi intuición consciente para capturar y entender el significado de las cosas. Mi investigación siempre está circunscripta a la construcción, a entender cómo un material naturalmente se resuelve a sí mismo o se relaciona con otro para configurar una relación relajadamente natural. Para mí una idea nace (o se lee) espontáneamente de algo que ya existe y que sugiere una solución a un problema, por eso me dedico al diseño.

~ ¿Cómo fue tu formación?

Mi formación original fue muy académica: dibujo y pintura con Carlos Asiain en Paraná, arquitectura en Santa Fe y en la UB. Me hubiese gustado estudiar diseño industrial, pero como no estaba disponible me incliné hacia la arquitectura, porque siempre me gustó el dibujo y la estructura de una pieza. Mi transición a la moda fue natural, siguiendo la idea de crear «espacio», tal vez el más próximo al cuerpo.

~ ¿Con qué información contabas cuando iniciaste este método?

No recuerdo haber encontrado información específica acerca de reciclaje en moda hasta que vi el desfile de Martin Margiela en fotos. Estaba en etapa súper experimental, pero que en Europa fuera considerada por la crítica me dio mucha confianza. Mi primer viaje a Londres fue dedicado a tratar de entender otra cultura, una que veíamos en las revistas del momento, como «The Face». La perspectiva desde Londres me re-ubicó en el mundo y entendí que necesitaba estar afuera de mi comfort para crecer como artista. Elegí New York para vivir porque apenas llegué sentí que la energía de tanta gente de tantos lugares y la implícita libertad de esta ciudad me ofrecía la posibilidad de ser quien era, sin tener que justificarme.

~ ¿Cómo era el contexto «moda» cuando comenzaste tu método de diseño?

El formato «moda» fue novedoso y por eso a una generación de artistas frescos de la democracia nos resultó ideal. La transferencia fue natural a la pasarela como reivindicación y proyección de la vida que queríamos vivir y mostrar: un poco escandalosa, muy personal, totalmente original. La pasarela se convirtió en vida, o en extensión de mi vida, cada minuto fue moda y fue arte. Con la ilusión de crear una salida más comercial y tal vez encontrar una manera de «ganarnos la vida» algunos artistas de la moda, luego de la exposición que nos dio la Primera Bienal de Arte Joven, creamos espacios generadores de energia y cultura. El «Su Puesto de Moda» en el Mercado Retiro, un espacio que tuvimos con Gabi Bunader, fue un precursor de muchos proyectos de recuperación de espacios públicos que habían estado dormidos. Estos espacios fueron paralelos a otros «más de la noche», como el Bar Bolivia o el Parakultural, que nos ofrecieron la posibilidad de compartir en seguridad nuestro modo de vida.

~ ¿Qué significado tuvo «reutilizar» en las décadas de 1980, 1990 y 2000?

Esos años porteños fueron tan potentes que originaron mucha cultura. Ofrecieron una sinergia y era evidente la necesidad de creación de plataformas para educar nuevas generaciones específicamente en moda y textiles. Muchos de los artistas de los 80 naturalmente fuimos invitados a círculos más organizados como la FADU. Susana Saulquin pudo leer la seriedad y convicción debajo de las ropas rotas y los pelos raros. Así comenzó otra etapa, cuando empecé a pensar en cómo aplicar mi método de diseño y creación a una estructura comercial. Con los diseñadores Kelo Romero y Gabi Bunader creamos el proyecto-estudio ITS (I Think South) con la idea de mostrar y vender nuestro trabajo fuera de Argentina, concientes de que aún no existía el mercado interno. Apuntamos al norte y terminamos los tres viviendo en New York en 1993.

~ ¿Por qué elegiste trabajar con basura?

No lo sé. Siempre me fascino lo descartado, lo decolorido, lo roto, lo abandonado. Siempre vi la belleza contenida en algo olvidado.

Por: Lorena Pérez para La nación

Fuente: La Nación

Foto: La Nación

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