La comida que estás tirando hoy podría estar en tu armario mañana

Desde choclos hasta papas, cuando se trata de salvar el planeta la inventiva de las firmas a la hora de crear nuevos materiales no tiene fin.

Después de una época en la que todo parecía estar inventado, ahora la industria de la moda busca sin descanso formas de producción más sostenibles y materiales con un menor impacto medioambiental. Las firmas se han convertido en pequeños laboratorios que apuestan por invertir en I+D para dar con una fórmula mucho más respetuosa con el planeta. “La gente ha estado experimentando con materiales para hacer monturas de gafas durante siglos, desde el caparazón de una tortuga hasta el cuero o incluso la leche, en forma de caseína. Queremos continuar con esa tradición y buscar mejores formas de diseñar y fabricar nuestros productos”, cuenta a Vogue.es Tom Broughton, fundador de Cubitts, una firma inglesa de monturas de gafas que lanzará el próximo mes de enero una colección elaborada, en parte, con desechos de alimentos. Si ya nos estamos acostumbrando a llevar abrigos elaborados con residuos de botellas de plástico o redes de pescadores, por qué no íbamos a incorporar, por ejemplo, un accesorio procedente de una mazorca de maíz a nuestro armario. “Hemos trabajado con personas de gran talento que convierten residuos en nuevos materiales como la gente de Solidwool, que lo hace a partir de lana de oveja, Chipsboard, que utiliza patatas, o Smile Plastics, a partir de envases de yogur, bolsas de transporte o envases de maquillaje. También hemos hecho nuestros propios materiales, como uno elaborado con cabello humano, amablemente donado por uno de los gerentes de nuestras tiendas, y otro como el micelio, generado por los hongos”.

Pero, en plena batalla por los plásticos ¿por qué existe tanta preocupación por las gafas si no contienen este material tan perjudicial? “El problema es la falta de circularidad. Cuando se rompe un marco, es cada vez más difícil repararlo, la mayoría de los minoristas ya no están interesados, por lo que termina en un vertedero y tarda mucho tiempo en biodegradarse. Y esos son solo las monturas, las lentes son otro problema”. Al fin y al cabo, no es solo el plástico nuestro mayor enemigo, sino todo lo que no pueda desaparecer de una forma natural. E incluso los desechos que creemos que no son nocivos, como los alimentos, también pueden llegar a serlo debido a la gran cantidad de desperdicios que generamos. Según el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, en 2018 tiramos a la basura 1.127 millones de kilos de productos sin usar y 212 millones de kilos de restos cocinados. Con estos datos no parece descabellado buscar formas de reutilizar estos residuos, además de la biometanización y el compostaje que se están llevando a cabo. De ahí que ya existan restaurantes e inclusos marcas de alimentación que empiecen a utilizar los desperdicios que otros acostumbran a tirar a la basura diariamente -como frutas en perfecto estado pero con una apariencia menos atractiva- o firmas de cosmética orgánica que hayan incluido alimentos en sus fórmulas.

A Broughton no hay material que se le resista. Es por ello que la mayor parte de esta nueva colección de gafas, llamada Redux (resurgido), convierte patatas, concretamente el excedente de la fábrica de McCain, o almidón de maíz en monturas de gafas que después reciben el clásico acabado marrón gracias a café molido, un elemento que lleva tiempo usando la firma Ecoalf. “En el proceso hay dos rutas principales. La primero es convertir los desechos en un material en láminas, que se puede cortar en un marco a mano o con una máquina, la forma de hacerlo depende del material de desecho, y puede ser a través del calor y presión, agregando algún tipo de resina o agente aglutinante. Y la otra es usar ‘fabricación aditiva’ y convertir los desechos en algo que pueda alimentar a una impresora 3D o moldeo por inyección”, explica Broughton.

Pero Cubitts no ha sido la única marca en ver en el maíz un material con muchas posibilidades. Como la alternativa al cuero suele ser el plástico, Sébastien Kopp y François Morillion, fundadores de Veja y comprometidos con la fabricación vegana, llevan buscando desde 2014 un sustituto que sea respetuoso con el medioambiente y parecen haberlo encontrado en este cereal con el que al encerar un lienzo de algodón orgánico obtienen un material muy similar al cuero. Por su parte, Hugo Boss ha lanzado unas zapatillas fabricadas a partir de hojas de piña, Salvatore Ferragamo, en colaboración con Orange Fiber, tiene una colección de pañuelos creados a partir de cáscaras de cítricos y que, a simple vista, parecen estar hechos de seda, y Mara Hoffman ya ha sustituido los botones convencionales por otros fabricados con cáscara de nuez. Al descubrir este milagro de la fabricación sostenible no podemos dejar de sacar nuestro lado más escéptico y pensar que la teoría es muy bonita pero que en la práctica los costes de producción no harán viable estas nuevas formas de fabricación para pequeñas empresas. Afortunadamente Broughton es mucho más optimista: “El coste no es realmente el desafío, ya que el precio del material es una proporción relativamente pequeña del precio final. Los desafíos están más relacionados con la disponibilidad y la viabilidad del material alternativo. Un par de gafas tiene que cumplir una serie de requisitos, como ser liviano, fácil de fresar o dar forma, poder agregar una lente fácilmente y, en última instancia, el cliente debe querer usarlo”. Y de momento parece haber conseguido el reto.

Fuente: Vogue España

Fotos: Vogue España 

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