Vanguardistas del diseño de autor

En Buenos Aires, la década de 1980 fue una época de grandes desfiles en los hoteles a cargo de los modistos, que aplicaban las técnicas de la Alta Costura, y las boutiqueras, tiendas comandadas por mujeres que bajaban las ideas del prêt-à-porter a prendas fáciles de usar. Ambos reflejaban el estado de ánimo en que se vestían las mujeres, pero la moda juvenil no era parte de las vidrieras: ser joven en los ’80 significaba hacerse el look, porque las marcas jóvenes recién comenzaron a brillar en los ’90. La ropa en la Argentina se vinculaba a replicar las tendencias y estilos que llegaban de las capitales productoras, como París, Nueva York y Roma. Pero en 1989 hubo un hecho fundamental que mostró un amplio cambio cultural y abrió la línea divisoria entre lo que simbolizaba la Alta Costura y el prêt-à-porter, además cimentó las bases de lo que años más tarde se conocería como “diseño de autor” .

Se trata de la primera camada de diseñadores que se destacó en el área moda de la Primera Bienal de Arte Joven, organizada por la Subsecretaría de la Juventud de la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires. Estos creadores presentaron sus desfiles en la plaza San Martín de Tours, frente al Centro Cultural Recoleta. De ese puñado de chicos menores de 30 años sobresalieron Andrés Baño, Gabriel Grippo y Gabi Bunader: ellos habilitaron una forma nueva para hacer moda en Argentina, incluso antes de que existiera la carrera en la FADU, lanzada ese mismo año. Sus shows en la Bienal fueron inspiradores para otros profesionales que, a partir de este acto, decidieron insertarse en la industria, como Martín Churba, Mariano Toledo y Sergio De Loof.

La creatividad y libertad de ideas para diseñar de Gabi Bunader, Gabriel Grippo y Andrés Baño dio sustancia al diseño de indumentaria y anticipó la camada de autores que se lanzó al comenzar el nuevo siglo. Sus métodos de trabajo estaban relacionados al reciclaje. Utilizaron materiales desechados para darle otra utilidad a los productos que luego eran personalizados para un vestuario usado como canal de expresión. Así como en los años ’60 la moda sucedía en los lugares del arte, como el Di Tella y sus alrededores, en los ’80 las nuevas vestimentas se cruzaban en los espacios del rock, sitios como Cemento y Paladium sirvieron de escenario para las performances . Antes de 1989, esta idea de vestuario no estaba profesionalizada porque los creadores no pensaban aún en una salida comercial para sus proyectos, por eso fue importante el rol de la productora Dolores Elortondo, coordinadora del área moda en la Bienal, quien junto al fotógrafo Jorge Pastoriza realizó una sesión de fotos y video que luego los diseñadores usaron como portfolio que sirvió, además, como registro de una época recordada pero no tan reseñada.

La mujer vestida por la mujer

Gabi Bunader decidió hacerse su ropa porque no le gustaba lo que se conseguía en las tiendas. Confeccionaba tapados con frazadas que cortada y unía las partes con alfileres de gancho, se pintaba los labios de negro y salía a la calle. Esa forma de transgredir con su aspecto la convirtió en su propia modelo. En 1984 comenzó a comercializar pequeñas colecciones en los pocos locales que se animaban a vender algo distinto, incluso tenía uno propio en la Galería del Este. La década del ’70 solía ser su inspiración y tomaba referencias de los videos musicales y las fotografías que ofrecían las revistas de moda y las portadas de los discos. Bunader diseñaba mini vestidos con agujeros, impermeables largos de plástico negro y camperas hechas con gomas y cuerinas que se usaban para tapizar autos. Realizaba vestidos con bolsas de residuos, chalecos con apliques de flores y pantalones pintados a mano. Una pelota de la marca Pulpo se transformaba en cartera y construía collares con lápices de colores. “Las ropas que hacía intentaban criticar el sistema y todo lo que estaba establecido”, recuerda hoy la diseñadora desde Nueva York, la ciudad en la que vive.

El pionero del reciclaje

Gabriel Grippo llegó a Buenos Aires en 1985 desde Paraná para terminar sus estudios de Arquitectura, carrera que había elegido porque aún no existía la de Diseño de Indumentaria. Cuando empezó a circular por la noche y relacionarse con jóvenes notó que había personas que necesitaban una ropa distinta a la que ofrecían las vidrieras. Así comenzó a armar vestuarios pensados como piezas de arte para usar. “La moda en ese momento era algo que juntaba mucho, siempre producto de un trabajo colaborativo. Por más que yo fuera director creativo de lo que estábamos armando, había un músico que elegía la música, las modelos en general no eran modelos sino amigas o actrices, pintoras; era la expresión de nuestra vida puesta en el escenario”, dice el diseñador desde su tienda en Brooklyn, Nueva York y sostiene que aquella realidad ofrecía algo nuevo que se llamó “moda”. La regla en aquellos años era utilizar materiales reciclados y generar estéticas alternativas. Grippo construyó su perfil en base a eso y ofreció un método propio: diseñar con objetos encontrados y resignificarlos como productos de moda. Las camperas y chalecos de cuero de vaca fueron su marca registrada. Los vendía en “SuPuesto de Moda”, un local de ropa que tenía con Gabi Bunader, entre los puestos de carne, en el mercado de Retiro.

Un joven inspirador

Andrés Baño estudiaba Arquitectura y no contaba con ningún saber relacionado a la moda, salvo lo que practicaba en la curtiembre de su padre, en Lanús. Para él, lo más importante era la fiesta y la discoteca era el lugar de reunión. Tenía 20 años cuando se enteró de la convocatoria para la Primera Bienal de Arte Joven y se anotó porque sospechó que el camino estaba por ahí. Su desfile en la Bienal ofreció la postal que trascendió en el tiempo: dos mujeres se besaron en la pasarela. La intención de Andrés Baño fue mostrar a un gran público algo que reflejara la realidad. Hasta entonces, nadie había puesto el foco en que había personas que tenían otra sexualidad. Este gesto hizo que la moda en la Bienal fuera reveladora, inspiradora. Para su colección, Baño trabajó los looks sobre un maniquí con retazos de cueros turquesa y amarillo, en contrapartida a la paleta de colores del momento. “Las mujeres se vestían de beige, todas con tailleur beige de lino o con el vestido Jackie y reflejos en el pelo”, dice el diseñador que en la actualidad lleva sus diseños por el mundo. En 2019 abrió un pop up en Barcelona, luego se mudó a México y antes de su regreso a Buenos Aires hizo escala en Nueva York.

Cómo comenzó la noche de los noventa

Tras las presentaciones en la Primera Bienal, Sergio de Loof (que falleció el 22 de marzo último) ofreció el Bar Bolivia como punto de encuentro. Así, en grupo comenzaron a presentarse cual banda de rock. Ellos dibujaron un trazo de la cultura de su época y encontraron en la moda una posibilidad de expresarse sin limitaciones. En el multiespacio de San Telmo se gestaron los desfiles e instalaciones que luego recorrieron las noches porteñas. Además, otros creadores se sumaron y nutrieron los límites entre arte y diseño. Ellos fueron Kelo Romero, Cristian Delgado y Pablo Simón.

Antes de denominarse diseñador, Sergio de Loof había experimentado con videos y decoración. El mediometraje El Cairo (1986) había sido su debut que siguió con un gusto exquisito en la decoración de ambientes. De Loof trabajaba con materiales que encontraba revolviendo en el Cottolengo Don Orione y con cachivaches y basura que convertía en piezas únicas. Unos meses después de la Bienal, De Loof ofreció el primer desfile que dio inicio a la mística creada alrededor del bar de la calle México, con el desfile Latina Winter by Cottolengo Fashion presentado enfrente a Bolivia, en el local Garage H. Argentino. La puesta en escena contó con 70 modelos que salieron del bar y tomaron la calle como pasarela hasta llegar al escenario. A esta presentación le siguió el desfile de Pieles Maravillosas y otro grupal en el Museo de Arte Moderno. Más tarde, la marca Levi’s convocó a Kelo Romero, Andrés Baño, Gabi Bunader, Sergio De Loof, Gabriel Grippo, Mariano Toledo, Laurencio Adot, Miuki Madelaire y Sylvie Geronimi para lanzar la colección Primavera-Verano 1993 en Garage H. Argentino. Esa misma temporada también fueron invitados a presentar las colecciones en Patio Bullrich en un gran show llamado Fashion Shock .

La belleza de lo desechado

Kelo Romero comenzó su carrera como músico en los ’80 y en 1990 se lanzó a la moda a través del reciclaje y la transformación de ropas. Buscaba ropa en ferias americanas y las rehacía, también usaba los materiales que le regalaban en Levi’s y Alpargatas, dos empresas en las que trabajó. Cuando el modelo 501 de Levi’s llegó a Buenos Aires, Romero preparó una edición limitada de prendas de lana que estaban pensadas para ser usadas con este jean. Usaba la máquina overlock para generar en los diseños un bordado con las puntadas, hacía patchwork con los descartes y con lonas playeras construía remeras, suéteres y bermudas a rayas. El tema fue darle sentido a algo desechado. Junto al diseñador gráfico Kuki Gómez confeccionaron prendas que filmaban, fotografiaban, usaban y a veces vendían. En 1993, Kelo Romero, Gabi Bunader y Gabriel Grippo abrieron ITS (I Think South), un estudio donde hacían productos para otras marcas y bajada de tendencia. Grippo viajó a Nueva York para conocer las posibilidades de la nueva empresa, desde allí los invitó a irse a Estados Unidos. Los dos aceptaron la invitación. Grippo y Bunader nunca volvieron. Entre 1993 y 2003, Kelo absorbió la cultura de la Gran Manzana, pero se enfermó y volvió muy débil a Buenos Aires. Hizo un desfile en el Centro Cultural Konex en 2004 y meses más tarde en el Malba, en el marco de la muestra Estilos Latinoamericanos. En 2005 Belleza y Felicidad, la galería de Fernanda Laguna y Cecilia Pavón, le dedicó un ciclo para repasar su obra. Murió el 24 de febrero de 2006.

Un artista en la moda

Cristian Delgado tuvo sus inicios como asistente del diseñador Pedro Zambrana en Alpargatas, donde se ocupaba de los casting de modelos, el seguimiento de producto y los desfiles de venta que se hacían para mostrar las telas. Por las noches acampaba en el Bar Bolivia. Allí presentó Cuerpos vestidos por Cristian Delgado, un desfile estático en homenaje a Narciso, donde las modelos estaban paradas frente a espejos mientras él sacaba fotografías con una cámara Polaroid. Artista, performer, diseñador, videasta, lo suyo era experimentar con la moda. “Nos animabamos a hablar y a mostrar cosas de las que no se hablaban, como cuerpos desnudos y diseños extraños. No solo pasaba en el under, en los medios también sucedía pero nosotros estábamos a la vanguardia. Llegabamos antes que el mainstream”. En los primeros años de los ’90 comenzó a presentar sus ideas en fashion clips a la vez que que tenía su showroom junto a Pablo Simón en Age of Communication, una casa reciclada dedicada al arte y a la moda fundada por el artista Juan Calcarami.

Un romántico en la noche

Pablo Simón era barman en Bar Bolivia y realizó su primera colección con los Genios Pobres, el desfile grupal que tuvo lugar en el Museo de Arte Moderno en diciembre de 1990. Junto a su madre y su hermana Valeria, Simón se movía fuera del circuito tradicional de la moda pero se las ingeniaba para estar en la agenda de las discotecas más concurridas con sus corsets y mirada histórica como referencia para vestir a las mujeres. Su estilo barroco desentonaba con el espíritu minimalista que impactaba a mediados de la década. “Cuanto más minimalista, más elegante se cree que es”, solía decir este diseñador que lograba que Sol Acuña o Deborah del Corral desfilaran gratis para él. El reciclaje también era parte de su concepto. “No desecho, transformo”, escribió en los cuadernos de apuntes y collages donde Pablo Simón plasmó sus ideas que en la actualidad oficia de legado para su familia, luego de su muerte en 2016.

La esencia de una época

La década de 1990 implica reflexionar sobre las tensiones surgidas en el entramado cultural de entre finales de la última dictadura militar, la democracia y el desarrollo del neoliberalismo. La cultura como campo de acción para el desarrollo de políticas culturales fue una de las banderas del gobierno de Raúl Alfonsín, que los artistas se ocuparon de sostener durante la presidencia de Carlos Menem. La producción artística desarrollada en el under porteño estuvo a tono con la conquista colectiva de los espacios públicos de Buenos Aires, cuando diversas áreas del arte ingresaron en el mainstream y convivieron con espacios alternativos.

Esta primera camada de diseñadores fue revisada en espacios convencionales del arte, como las jornadas que se realizaron en la Fundación Banco Patricios, el Teatro San Martín y la galería del Rojas. En la exposición Moda al margen, presentada en el ICI en 1992, fue la primera vez que coincidieron los diseñadores autodidactas con los primeros egresados y estudiantes de la FADU. Invitado por Jorge Glusberg, ese mismo año Grippo hizo una muestra en el CAyC para presentar su metodología de trabajo. En la década siguiente, el Malba los convocó en dos exposiciones. En 2004, con Moda en progresión y Estilos Latinoamericanos, en 2005. Más tarde, Andrea Saltzman, profesora titular en la carrera de Diseño de Indumentaria de la FADU, los expuso en Fundación Proa. Algunos años después, en 2013, fueron reunidos para la muestra “De Gino Bogani al diseño de autor”, en el Centro Cultural Recoleta.

La obra de la camada inaugural de diseñadores de autor gestó un movimiento colmado de creatividad que jamás volvió a repetirse pero que permitió cimentar las bases para la construcción del diseño de moda en la Argentina.

Fuente: La Nación/Info Textil

Foto: La Nación/Info Textil

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